Vanesa, la hipopótama, llegó tiempo después, cuando el zoológico de la Hacienda Nápoles ya estaba en funcionamiento, pero aún incompleto. Un mes antes, Pablo Escobar había recibido dos hipopótamos machos en un primer envío, lo que resultó ser un error para sus planes. Su intención no era solo acumular animales, sino reproducirlos en cautiverio y convertir su hacienda en una especie de reserva en expansión. Por eso ordenó traer una hembra. Vanesa arribó días más tarde en otro cargamento irregular y terminó siendo el punto de partida de una historia que, con los años, se saldría de control.
El traslado inicial estuvo marcado por irregularidades. Los animales, adquiridos en Estados Unidos, permanecieron semanas a la espera de permisos que nunca se concretaron. Tras intentar sin éxito la vía legal, Escobar optó por organizar el envío de forma clandestina en un avión de carga. El operativo transcurrió sin mayores inconvenientes hasta su llegada a Medellín, donde comenzaron los problemas.
En el aeropuerto, el tamaño de las cajas y la falta de documentación despertaron sospechas. No había certificados sanitarios ni permisos de importación, pero sí animales vivos: jirafas, cebras y, entre ellos, los dos primeros hipopótamos. La situación quedó al descubierto ante las autoridades, evidenciando la magnitud del ingreso irregular.
Cuando su veterinario le confirmó que los hipopótamos eran machos, Escobar reaccionó con molestia. Para él, cada especie debía contar con una pareja que garantizara su reproducción, por lo que ordenó conseguir una hembra. Así llegó Vanesa, que con el tiempo se convertiría en la base de una población que crecería sin control.
Durante esos años, la Hacienda Nápoles funcionó como un espacio de exhibición privada con animales de distintos continentes, sin protocolos rigurosos ni manejo especializado. La lógica era la acumulación, más ligada al poder económico que a criterios técnicos.
Un testigo clave de esa época fue “El Chino”, fotógrafo cercano a Escobar, quien documentó la vida dentro de la hacienda. Sus imágenes, recopiladas en el libro publicado en 2021, muestran tanto la cotidianidad del capo como la presencia de los animales, incluidos los primeros hipopótamos, registrados sin medidas de seguridad en un momento en que no se dimensionaba el riesgo.
El verdadero problema comenzó tras la caída de Escobar. Antes de que el Estado asumiera el control del predio, varios animales fueron liberados o escaparon. Los hipopótamos encontraron en el Magdalena Medio un entorno ideal: abundancia de agua, clima favorable y ausencia de depredadores naturales.
La reproducción fue acelerada. A partir de Vanesa y los dos machos iniciales, la población se expandió por ríos y humedales, superando con el tiempo los 150 individuos. Lo que empezó como una curiosidad terminó convirtiéndose en un problema ambiental y de seguridad.
Las comunidades cercanas comenzaron a enfrentar riesgos por la presencia de estos animales, además de afectaciones a cultivos y ecosistemas. Mientras algunos los ven como una atracción, otros los consideran una amenaza.

Las autoridades han intentado controlar la situación mediante esterilización, traslados y monitoreo, sin lograr frenar su crecimiento. El debate se ha intensificado entre quienes defienden la protección animal y quienes advierten sobre el impacto ecológico.
Recientemente, una decisión judicial autorizó la eutanasia de al menos 80 ejemplares, con el fin de reducir una población considerada invasora. Todos descienden de aquellos primeros hipopótamos introducidos de manera irregular.
Así, lo que comenzó con la llegada de una hembra llamada Vanesa terminó convirtiéndose en uno de los problemas ambientales más singulares del país, con consecuencias que aún hoy siguen en expansión.







































