Con cerca de 13 millones de votos, Abelardo De La Espriella fue elegido este domingo 21 de junio presidente de Colombia. La forma en que el Tigre llegó al poder es inédita y constituye uno de los mayores fenómenos políticos de la historia reciente del país.
El abogado penalista, un verdadero outsider, se consolidó como favorito desde la primera vuelta y consiguió lo que parecía impensable hace un año: derrotar al oficialismo petrista sin el respaldo de los clanes electorales y enfrentando la enorme maquinaria del Estado. Aunque la victoria fue más estrecha de lo esperado —menos de un punto porcentual y una diferencia cercana a los 250.830 votos—, vista en perspectiva, no deja de ser un milagro político.
Tan espectacular como la campaña fue la celebración del triunfo este domingo. Abelardo apareció en una especie de papamóvil, encabezando una caravana por las calles de Barranquilla. Y en la tarima, su discurso ya fue el de un mandatario y no el de un candidato. “Los colombianos han hablado. El presidente de la República es el Tigre… Ha triunfado la libertad de un pueblo que decidió su destino. Esta es la noche que marca el inicio de una nueva historia para la nación. La noche en la que empieza una nueva era. Un cambio de orden. La patria milagro”, dijo emocionado.
En su discurso no hubo revanchismos ni amenazas. Por el contrario, el Tigre lanzó un mensaje de unidad y prometió gobernar para todos, incluidos quienes no creyeron en él. “No habrá vencedores ni vencidos, no habrá retaliaciones. En democracia no existen enemigos irreconciliables; existen compatriotas que piensan diferente, pero que tienen los mismos derechos que nosotros. El presidente simboliza la unidad nacional y desde esta noche la asumo como un deber sagrado”.
Ni el presidente Gustavo Petro ni Iván Cepeda reconocieron el resultado, aunque pocos esperaban que lo hicieran. El primer mandatario emprendió una campaña de deslegitimación del sistema electoral, aparentemente preparada para la noche del domingo si los votos no favorecían a su sector. Desde muy temprano, advirtió que no reconocería el preconteo. “No se puede proclamar ninguno presidente. Es el escrutinio el que determina quién es el presidente. Obedezco a los jueces”, dijo cuando ya se había informado el resultado de más del 99 por ciento de las mesas.
Cepeda siguió la misma línea. El candidato del Pacto Histórico afirmó: “Todos y todas nuestros dirigentes somos demócratas. Lejos de nosotros el autoritarismo y la arbitrariedad”. Sin embargo, agregó: “Hemos llegado a esta última instancia con la diferencia más estrecha en votos que registre cualquier elección de segunda vuelta en la historia electoral colombiana… Debemos informar que nuestro grupo de testigos está procediendo a impugnar 33.000 mesas en todo el país. Una por una deberá ser objeto del escrutinio”.
El Tigre respondió a lo que, durante meses, había señalado como la amenaza del petrismo en caso de una derrota: llevar la inconformidad a las calles. “A Petro y a su heredero les digo: respeten la voluntad del pueblo colombiano. Hoy los colombianos me han elegido bajo los mismos esquemas que hace cuatro años eligieron a quien hoy es el inquilino de la Casa de Nariño… Petro y Cepeda, absténganse de desatar un incendio social. Acaten el resultado. Hagan sus maletas y prepárense para ejercer la oposición”.
El Tigre rugió
Hay una palabra que podría resumir el éxito de la campaña de Abelardo De La Espriella: alegría. En contraste con la sobriedad de Iván Cepeda leyendo sus papeles, las manifestaciones de Abelardo contaban con pantallas gigantes, música caribeña, juegos de luces y hasta fuegos artificiales. Los asistentes y televidentes se sentían, en cierta forma, como en un concierto de una estrella de rock.
De La Espriella montó una estructura electoral vanguardista que rompió los moldes de las campañas tradicionales y respondió más a la eficiencia del sector privado que al derroche que suele caracterizar al sector público. Recurrió a la iconografía con un éxito rotundo. El símbolo del Tigre y el saludo militar acompañado del lema “Firmes por la patria” se tomaron el país.

El candidato contó en SEMANA el origen de ese simbolismo. La gente comenzó a decirle: “Ese es el Tigre, ese es el Tigre”. Y agregó: “Nos dimos cuenta de que era un hit del carajo, porque hacía muchísimos años no se comparaba un candidato con un animal, menos con uno de ese nivel y de esa fuerza”.
Además, recordó una coincidencia histórica: a Rafael Núñez, el último presidente que había tenido el Caribe, también lo llamaban el Tigre del Cabrero. “Costeño, vilipendiado y atacado, y hoy recordado por la historia como uno de los hombres y presidentes más importantes de Colombia”, recordó De La Espriella al expresar el orgullo que siente por darle esa alegría al Caribe. “Porque yo sí soy costeño de verdad. Por ahí hay uno que es el de Temu, yo soy el de Amazon”, remató.
Pocas veces una campaña presidencial había despertado un sentimiento de patriotismo tan marcado como el de ‘Firmes por la patria’. El uso de los colores de la bandera, el llamado a ponerse la camiseta de la selección Colombia en pleno Mundial y las pegajosas melodías de “Póngale la raya al Tigre” desataron furor. Los intentos judiciales por frenar ese entusiasmo, lejos de apagarlo, terminaron impulsándolo aún más.
Escrito por: Diego Coronado


































