Jorge Lara tenía 46 años cuando murió en París, mientras visitaba a su madre, Nancy Restrepo. Una infección bacteriana que afectó su estómago terminó con su vida antes de que pudiera concluir el proyecto cinematográfico al que había dedicado más de una década: Lara: el hombre que intentó salvar a Colombia. Con este documental buscaba honrar la memoria de su padre, Rodrigo Lara Bonilla, y reconstruir su lucha contra los carteles del narcotráfico.
Su viaje a Europa también contemplaba una visita a Alemania, donde tenía previsto dictar una conferencia sobre paz y reconciliación. Además, esperaba encontrar a Carlos Lehder para avanzar en su investigación y obtener pistas sobre los responsables intelectuales del asesinato de su padre.
Jorge también había intentado contactar a Byron de Jesús Velásquez, alias “Quesito”, uno de los autores materiales del crimen, quien fue capturado en el lugar de los hechos. Sin embargo, no consiguió comunicarse con ninguno de los dos.
Su propósito era reconstruir la muerte de Rodrigo Lara a través de una cámara y documentar las inconsistencias que, según su investigación, rodeaban un asesinato que, cuatro décadas después, seguía bajo investigación de la Fiscalía sin avances concluyentes. En 2012, el crimen fue declarado delito de lesa humanidad, una calificación que impide que prescriba.
Para dedicarse por completo a esta búsqueda, Jorge vendió su apartamento y su casa y compró una camioneta Volkswagen. En la parte trasera instaló un colchón que le permitía recorrer distintas regiones del país mientras buscaba respuestas sobre el homicidio de su padre.
Entre las preguntas que pretendía resolver estaban las circunstancias en las que el conductor y el escolta que viajaba como copiloto salieron ilesos, pese a que las sillas delanteras del vehículo quedaron destruidas por los disparos. También cuestionaba por qué el extinto Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) no había blindado los vidrios del automóvil en el que se movilizaba el entonces ministro.
Un proyecto que tardó años en tomar forma
La idea del documental comenzó a desarrollarse en 2009, cuando Jorge Lara estudiaba producción y realización audiovisual en Londres. Su amiga Mags Gavan, cineasta británica ganadora de un Emmy por la película Salvar a los niños brujos de África, fue una de las personas que impulsó el proyecto. Años después, tras la muerte de Lara, Gavan asumió en solitario la dirección de la película.
En aquella época, las narconovelas ganaban popularidad en Colombia con relatos sobre la violencia de los años ochenta que, según la visión de Jorge, tendían a exaltar la figura de los capos. Por esa razón, decidió esperar casi una década antes de comenzar a grabar una producción dedicada a reivindicar la memoria de su padre.
Las cámaras comenzaron a rodar en 2021, junto con los recorridos en la camioneta Volkswagen. Uno de los lugares que más lo impactó fue el barrio Pablo Escobar, ubicado en la comuna 9 de Medellín. Allí, sus cerca de 17.000 habitantes reconocían al antiguo jefe del cartel como una figura heroica, mientras que muchos desconocían quién había sido Rodrigo Lara Bonilla.
Jorge visitó el sector acompañado de Sebastián Marroquín, hijo de Pablo Escobar, quien cambió su nombre para reconstruir su vida. El padre de Marroquín había ordenado el asesinato del entonces ministro de Justicia. Ambos se conocían desde 2009, cuando coincidieron durante la realización de Pecados de mi padre, documental dirigido por el argentino Nicolás Entel.
Lo que encontró en el barrio llevó a Jorge a imaginar un proyecto adicional: construir una casa de la cultura en la parte alta del sector, con el nombre de Rodrigo Lara Bonilla, para recuperar su memoria y acercar su historia a los habitantes. Sin embargo, la iniciativa tampoco llegó a concretarse durante su vida.

Jorge Lara llegó hasta Tranquilandia en busca de respuestas
Otro de los destinos de su investigación fue Tranquilandia, un complejo de producción de cocaína ubicado en los Llanos del Yarí, en el departamento del Guaviare. En marzo de 1984, el hallazgo de estas instalaciones dejó al descubierto la magnitud de las operaciones del narcotráfico y puso en evidencia presuntas conexiones entre el cartel de Medellín y sectores de la sociedad antioqueña.
De acuerdo con el relato de la investigación, Rodrigo Lara solicitó información sobre las avionetas incautadas y encontró que la aeronave identificada con la matrícula HK 2704 X pertenecía a Alberto Uribe Sierra, padre de Álvaro Uribe, quien años después llegaría a la Presidencia de Colombia. Cuatro semanas después de ese hallazgo, el ministro fue asesinado.
Uno de los mayores obstáculos para sacar adelante el documental fue conseguir financiación. Con el respaldo de Mags Gavan, quien se trasladó a vivir a una cabaña en Suesca, Cundinamarca, lograron el apoyo de la productora neerlandesa Lea Fels. Sin embargo, cuando finalmente consiguieron los recursos para avanzar con la película, Jorge se encontraba hospitalizado en París y atravesaba sus últimos días.
Según relató Gavan, Lara recibió con entusiasmo la noticia de que el proyecto podía continuar, aunque también le había manifestado que sentía que su permanencia en Colombia se estaba volviendo peligrosa. Pese a esas preocupaciones, mantenía la esperanza de terminar la producción en homenaje a su padre.

Jorge Lara murió el 9 de marzo de 2022. Tras su fallecimiento, Gavan asumió la dirección del documental, cuyo rodaje continuó en 2023 en la Universidad Externado de Colombia. La película tuvo su estreno mundial el 16 de octubre de 2024, durante el Chelsea Film Festival de Nueva York, y posteriormente llegó a Prime Video.
El legado de Jorge Lara continúa
Después de su muerte, las gemelas Lina y Carolina Flórez, amigas del documentalista, crearon la Fundación Jorge Lara para preservar su memoria y destacar su trabajo. También lograron que alias “Quesito” participara en el documental, uno de los objetivos que Jorge no alcanzó a cumplir.
Las fundadoras han impulsado, además, la construcción de la Casa de la Cultura Rodrigo Lara Bonilla en la parte alta del barrio Pablo Escobar, un proyecto que continúa en busca de financiación y de un terreno para su desarrollo.
La muerte de Jorge Lara interrumpió tanto su carrera como documentalista como la investigación personal con la que esperaba esclarecer las circunstancias del asesinato de su padre. Su búsqueda pretendía responder preguntas que, más de cuatro décadas después, siguen formando parte de uno de los episodios más trascendentales de la historia del narcotráfico y la violencia política en Colombia.
Escrito por: Diego Coronado





































