El director del Instituto Caro y Cuervo en Colombia no suele ocupar un lugar destacado en los medios de comunicación ni en las redes sociales. La institución estatal, dedicada a la investigación y la enseñanza de la lingüística, la literatura y la filología, tiene un perfil especializado y de alcance reducido. Sin embargo, desde que el Gobierno de Abelardo de la Espriella designó para ese cargo a Sergio Esteban Vélez, conocido desde niño como el “niño poeta” por sus apariciones televisivas recitando poesía, su nombre ha comenzado a generar atención por una serie de videos en los que expone posiciones polémicas.
Vélez, identificado públicamente con posiciones de derecha, ha cuestionado distintas expresiones de rebeldía dentro de la literatura colombiana. Entre ellas están la obra del escritor caleño Andrés Caicedo, la trayectoria del poeta nadaísta Gonzalo Arango y los enfoques decoloniales desarrollados desde la academia alrededor del hispanismo. Desde su perspectiva, la literatura y la insubordinación no necesariamente deberían estar asociadas.
El episodio más reciente ocurrió con un video publicado en las redes oficiales del Instituto con motivo del natalicio de Andrés Caicedo, escritor caleño conocido por su novela ¡Que viva la música! y por los movimientos culturales en los que participó durante las décadas de los sesenta y setenta.
“Se suicidó a sus 25 años, consumido por sus propios demonios, atrapado en el laberinto de las drogas y devorado por una rebeldía extrema”, afirmó Vélez en el video, presentado como un homenaje al escritor.
“Nos duele ver cómo el rechazo absoluto a las normas y a la institucionalidad terminó convirtiéndose en una trampa mortal”, agregó. También lamentó que Colombia hubiera perdido a “una de las mentes más lúcidas” y se hubiera quedado “sin las obras maestras que nunca llegó a escribir”.
“Un joven brillante creyó que quemar la vida y renegar de todo era la única salida a su descontento. Ya es hora de dejar de aplaudir el abismo”, concluyó.
Una postura similar había expresado días antes al referirse a Gonzalo Arango, fundador, a finales de los años cincuenta, del movimiento nadaísta. En un video publicado por el Instituto, Vélez afirmó: “Le enseñó a Colombia el arte del desacato, del cinismo, del ateísmo combativo. Pero la anarquía tiene un límite sangriento: la nada no es un hogar, sino un cementerio”.
El director reivindicó posteriormente el giro que Arango tuvo en su madurez, cuando abandonó el nadaísmo “incendiario” y se acercó a la religión y a “la búsqueda del espíritu”.
“No venimos a recordar únicamente al agitador de plaza pública, sino también a proclamar la verdad más estremecedora de su vida: el triunfo de la luz sobre el abismo”, sostuvo Vélez. “Termina de rodillas, cegado por el resplandor de la fe y rendido ante el misterio de Dios”.
Las críticas desde el mundo literario
Las declaraciones del director han generado reacciones entre escritores e investigadores. La escritora Pilar Quintana calificó sus afirmaciones como “una sarta de estupideces” y consideró que no debería prestárseles atención. También señaló que no quería participar en lo que describió como el juego planteado por un provocador de la ultraderecha.
La investigadora Katia González, por su parte, cuestionó lo que considera “reduccionismos” en la interpretación de Vélez sobre Andrés Caicedo.
“Es lamentable simplificar así la vida de creadores como Caicedo. Fue también alguien que empezó a leer desde muy niño, que fue un gran cinéfilo, que hizo teatro”, señaló.
González también reivindicó a la generación cultural a la que perteneció Caicedo y recordó el dinamismo que caracterizaba a Cali durante aquella época. Además, destacó que el legado del escritor continúa vigente décadas después de su muerte y citó una de sus frases: “Si dejas obra, muere tranquilo, confiando en unos pocos buenos amigos”.
Rosario Caicedo, hermana del escritor, también rechazó la lectura planteada por Vélez. Desde Estados Unidos, donde reside, aseguró que viajó a Colombia para celebrar a su hermano y sostuvo que la obra de Caicedo continúa vigente.
“Vivo en Estados Unidos y vine de visita a Colombia a celebrar a Andrés, así el director del Caro y Cuervo diga que no va a haber fiesta. Yo digo que la fiesta de Andrés Caicedo sigue. Demostró con su pluma que puede ser inmortal: se lo sigue leyendo, se sigue escribiendo sobre él, se lo sigue amando”, afirmó.
Rosario también defendió la rebeldía como un componente esencial de la creación artística. “Un artista cuestiona las normas, te dice que no tragues entero. No puede sentarse a decir que es una maravilla lo que vemos en un momento dado. Por eso, los que vemos su obra somos profundamente afortunados”, señaló.
Las polémicas y el rumbo del Instituto
Más allá de las discusiones sobre las interpretaciones de Caicedo y Arango, también existe preocupación por la exposición pública que ha adquirido Vélez y por el rumbo que podría tomar el Instituto bajo su dirección.
Daniella Sánchez, escritora y exdirectora del Instituto, considera que las polémicas podrían estar desviando la atención de otros asuntos relacionados con la gestión de la entidad, entre ellos el recorte de estímulos del Ministerio de Cultura destinados a proyectos artísticos.
“¿Por qué se está inmolando así? No entiendo. Puede que sea para bajar el volumen de la falta de gestión. El sector cultural es muy reaccionario cuando se le cortan derechos, pero desde el sábado estamos enfocados en hablar sobre él”, afirmó.

Sánchez también cuestionó la falta de claridad sobre los planes del nuevo director para la institución.
“Al día de hoy no sabemos qué quiere hacer. No le responde los derechos de petición a los estudiantes y deja reuniones pendientes”, señaló.
Además, manifestó preocupación por la posibilidad de que los cambios no se limiten a las posiciones públicas del director y terminen afectando las memorias institucionales, los proyectos y los programas académicos.
“Las cosas se pueden poner exponencialmente peores si empieza a intervenir en las memorias institucionales, los proyectos, los programas académicos”, advirtió.
Detrás de la narrativa de Sergio Esteban Vélez
Vélez, quien desde su infancia ha incorporado referencias a Dios en sus poemas, fue agregado cultural en la embajada de Colombia en Suiza durante el Gobierno de Iván Duque. En ese periodo, la embajadora era Sofía Gaviria, hermana del exgobernador de Antioquia Aníbal Gaviria y una persona cercana al actual director del Caro y Cuervo.
Después de regresar al país, Vélez intentó incursionar en la política al integrar la lista al Congreso de Ingrid Betancourt, conocida como “La Selección Antipetro”. La iniciativa finalmente no prosperó, en parte por las diferencias de la excandidata presidencial con Sofía Gaviria.
Aunque en sus redes sociales aparecen fotografías junto a expresidentes de diferentes corrientes políticas, entre ellos Álvaro Uribe, Andrés Pastrana, Ernesto Samper, César Gaviria y Belisario Betancur, sus publicaciones más recientes en TikTok y en las redes del Caro y Cuervo evidencian una posición abiertamente crítica frente a la izquierda.
Para algunos escritores, esta postura también refleja un posible cambio en la orientación del Instituto, con una mayor prioridad para el hispanismo frente al indigenismo y los estudios decoloniales, así como una nueva lectura sobre los autores y movimientos literarios asociados con la rebeldía.

El Instituto Caro y Cuervo fue fundado en 1942 a partir de la figura de dos escritores y políticos que tenían concepciones diferentes sobre el estudio de la lengua. El expresidente conservador Miguel Antonio Caro defendía la promoción del “español correcto”, vinculado a la tradición española en Colombia. El lingüista Rufino José Cuervo, en cambio, planteaba un estudio menos prescriptivo y más descriptivo, centrado en el uso cotidiano del idioma.
Antes de asumir la dirección, Vélez publicó en TikTok un video en el que exponía su visión sobre el Instituto, más cercana al enfoque hispanista asociado con Caro. En esa publicación criticaba lo que consideraba una desviación de la misión original de la institución y cuestionaba el rumbo que había tomado durante el Gobierno de Gustavo Petro.
Según Vélez, el Instituto había dejado de ser un espacio dedicado a proteger “nuestra lengua castellana” para convertirse en un “fortín del marxismo cultural”, en el que, según afirmó, “atacaron la hispanidad desde la cúpula”.
También cuestionó actividades relacionadas con talleres anticoloniales, encuentros con excombatientes de las antiguas FARC, publicaciones sobre la hoja de coca y clases dedicadas a la literatura palestina.
“Se acabó la agenda woke, regresará el rigor, recuperaremos la lengua como orgullo nacional y construiremos la patria milagro”, prometió en aquella publicación.
Después de ser designado director, Vélez eliminó el video. Sin embargo, sus contenidos anteriores continúan siendo recordados por profesores y estudiantes, especialmente ahora que sus declaraciones sobre Caicedo y Arango han vuelto a poner sobre la mesa el debate acerca de la orientación que tendrá el Instituto Caro y Cuervo bajo su dirección.
Escrito por: Diego Coronado






































