Alias Calarcá avanza en su ofensiva para arrebatarle el control del Guaviare a las disidencias de Iván Mordisco mediante una estrategia marcada por masacres y ataques que, según testimonios recogidos en la región, se caracterizan por la brutalidad contra sus enemigos. Los combatientes de Mordisco son asesinados a quemarropa o con tiros de gracia, y posteriormente los hechos son presentados como enfrentamientos armados. La más reciente incursión dejó 48 cadáveres entregados a una comisión humanitaria en la vereda La Siberia, aunque habitantes de la zona aseguran que el número real de muertos fue superior.
Entre las víctimas identificadas se encontraba una menor de 13 años que había sido reclutada por la guerrilla un año atrás. Los pobladores también tuvieron que recoger cuerpos, atender heridos y colaborar en las labores humanitarias, mientras denunciaban un nuevo confinamiento y la falta de apoyo estatal en una de las zonas más golpeadas por el conflicto.
De acuerdo con diversas fuentes, la estructura de Calarcá ha logrado debilitar significativamente a las fuerzas de Mordisco desde finales de 2024, cuando creó el frente Isaías Carvajal con cerca de 400 hombres, armamento y drones para ejecutar una ofensiva sostenida en el departamento. En diferentes operaciones desarrolladas en los últimos meses, las disidencias rivales habrían sufrido decenas de bajas, incluida la muerte de alias Domingo Biojó, considerado un comandante clave para la estructura de Mordisco.
La disputa tiene especial relevancia en puntos estratégicos como Barranco Colorado, un pequeño caserío sobre el río Guaviare que sirve como centro de abastecimiento y control de rutas fluviales y terrestres utilizadas históricamente por las guerrillas. El objetivo de Calarcá sería consolidar el dominio de corredores fundamentales para la movilidad y las economías ilegales de la región.

Los habitantes de las zonas afectadas denuncian confinamientos, desplazamientos y abandono estatal. Además, aseguran que existe una presunta cercanía entre las tropas de Calarcá y el Ejército, una acusación que las Fuerzas Militares rechazan de manera enfática. Algunas fuentes consultadas incluso afirman que el Gobierno de Gustavo Petro ha favorecido o protegido a esta facción, aunque tales señalamientos no han sido demostrados y continúan siendo motivo de controversia.
Según el reportaje de Salud Hernández-Mora, el avance de Calarcá representa uno de los mayores desafíos de seguridad para el próximo presidente de Colombia. Su siguiente objetivo sería conquistar territorios clave aún dominados por las estructuras de Mordisco, especialmente en zonas que permiten acceso a importantes corredores estratégicos del suroriente del país. Mientras tanto, la guerra entre ambas facciones sigue dejando muertos, reclutamiento de menores y comunidades enteras atrapadas en medio de la confrontación armada.
Escrito por: Diego Coronado







































